Proteína beta-traza. El laboratorio Clínico cambia el diagnóstico: de la sospecha de meningitis a la fístula oculta de LCR

Introducción
La rinorrea de líquido cefalorraquídeo (LCR) es una entidad infrecuente y de sospecha clínica difícil, cuyo diagnóstico diferencial con secreciones nasales banales constituye un reto diario en la práctica asistencial. La proteína beta-traza (prostaglandina D2 sintasa), sintetizada mayoritariamente por las leptomeninges y el plexo coroideo, es un biomarcador con sensibilidad y especificidad superiores al 96 % para confirmar el origen secreción, evitando así pruebas invasivas innecesarias. Presentamos un caso en el que la ampliación proactiva de este estudio por parte del laboratorio, ante una sospecha clínica inicial no resuelta, permitió reorientar por completo el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico de la paciente.
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Exposición del caso
Mujer de 46 años, con antecedentes de hipertensión arterial, obesidad, prediabetes e hipotiroidismo, que consultó por cefalea occipital opresiva de una semana de evolución, fiebre de hasta 39 ºC, fotofobia, acúfenos y vómitos ocasionales. La exploración neurológica y la tomografía craneal fueron anodinas. Ante la sospecha de meningitis, se intentó reiteradamente una punción lumbar, sin éxito por dificultad técnica, por lo que se decidió su ingreso e inicio de antibioterapia y aciclovir empíricos, dada la leucocitosis con neutrofilia asociada. Durante el ingreso, la paciente inició una rinorrea acuosa intermitente, momento en el que el laboratorio asesoró correctamente la sospecha hacia una fístula de LCR. La resonancia magnética craneal mostró signos indirectos de hipertensión intracraneal (silla turca parcialmente vacía, distensión de las vainas del nervio óptico) junto con un meningocele etmoidal, hallazgos que, sumados a la clínica, hicieron sospechar una fístula de LCR como causa subyacente de todo el cuadro.
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Informe del laboratorio
Ante esta sospecha, el laboratorio asesoró sobre la correcta recogida de la secreción nasal y determinó la proteína beta-traza, obteniéndose un resultado de 12 mg/L, muy por encima del punto de corte diagnóstico habitualmente establecido en 1 mg/L. Este hallazgo confirmó de forma objetiva y mínimamente invasiva el origen cefalorraquídeo de la rinorrea, aportando una prueba directa. El resultado fue determinante para evitar procedimientos diagnósticos más agresivos, permitió reorientar el diagnóstico hacia una hipertensión intracraneal idiopática con fístula espontánea a través del meningocele etmoidal, y motivó la reevaluación de la necesidad de mantener la antibioterapia empírica prolongada, inicialmente indicada por sospecha de meningitis.
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Conclusiones
La determinación de proteína beta-traza fue la prueba clave que transformó un cuadro inicialmente etiquetado como meningitis en el diagnóstico correcto de fístula espontánea de LCR secundaria a hipertensión intracraneal idiopática, permitiendo suspender una antibioterapia innecesaria e iniciar acetazolamida, con evolución clínica favorable y resolución completa de la sintomatología. Este caso ilustra el papel activo, proactivo y decisivo que puede desempeñar el laboratorio clínico cuando, ante una sospecha razonable, amplía el estudio con biomarcadores específicos: aporta seguridad diagnóstica, orienta el manejo terapéutico y mejora de forma directa el pronóstico del paciente.
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Autores
Lozano Valido, Adrián Joel
Quintana García, Mónica
Nuevo García, Jorge
Carretero Pérez, Mercedes
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